Me desperté sobresaltado, la pesadilla no me había abandonado. Y esta había crecido en dolor y soledad.
Después de una caída, viene el levantarse.
Me desperté, la pesadilla era ahora diferente. En realidad no era ya una pesadilla. Sino un gran paso al olvido de ese gran agujero que había en mi pecho.
Me situaba en un prado, y yo estaba en el medio. El cielo era de un azul claro, y el sol brillaba con intensidad. El aparecía entre los arbustos, iba vestido con un traje negro, y una camisa azul oscuro. Estaba muy guapo, pero mi mente no respondía a mi corazón. Este ultimo me decía que fuera hacia el y que le besara con total intensidad. Pero mi cabeza me obligaba a quedarme quieto y no mover ninguna parte de mi cuerpo. Al final mi mente gano a mis sentimientos, me di la vuelta y abandoné el prado. Cuanto mas avanzaba, el bosque se volvía cada vez mas oscuro y frío. En el cielo aparecían unas nubes negras y con la amenaza de cubrir al brillante sol. Pero poca a poco conseguí que ese sentimiento de tristeza se disipara, y con la ayuda de la gran esfera brillante que había en el cielo, pude destruir el dolor y la culpa. Y así, conseguí que el bosque volviera a amanecer, y que la nubes negras se fueran del cielo. De repente, al rededor mía, la vida del bosque floreció. De sus escondites salieron los pájaros, los ciervos y toda criatura que en ese bosque habitaba.
Entre en el baño, me lave y me vestí. No desayune, ya que mi estomago me amenazaba con explotar y jugar me una mala pasada.
Cuando llegue al colegio, el día estaba como en mi sueño, el cielo era de una azul celeste y el sol crecía en luminosidad y belleza.
Sonría, mi corazón estaba feliz y en mi cuerpo no existía el oscuro agujero, que antaño me había deprimido y destrozado.
Desde que había empezado el curso, mi rostro había sido simplemente una cara nula y sin expresión. El único sentimiento que en ella se reflejaba era la tristeza, y seguramente hubiera estado presente muy a menudo. Desde que había empezado el instituto, un monto de personas, familiares, amigos y profesores, había estado muy preocupados por mi. Cuando la dirección fue informada por mis padres de lo que me pasaba, el psicólogo del centro me describió como un niño alegre y jovial, pero que ahora estaba en un momento de depresión, seguramente por el estrés del curso y las clases (muchas veces me entraba la risa cuando me decían que se debía a esto, no se imaginaban por lo que estaba pasando y eso les preocupaban). Pero ahora era diferente, quería ser feliz, quería que me enseñaran a reír otra vez y que me dijesen como volver a ser el chico que era antes.
El día, como había pensado que fuera, transcurrió feliz y normal.
No hay comentarios:
Publicar un comentario