Principios de curso, el ambiente en el instituto de Torrejón de la Calzada no puede ser más animado.
Los alumnos se apretujan en frente del tablón de anuncios para poder ver las listan de actividades: Futbol, tenis, baloncesto, danza, teatro, atletismo, judo, natación…
Todos se alborotan en la entrada de color verde que abren sus puertas al colegio, instituto y bachiller de ladrillos rojos y tejados marrones.
Grupos de amigos se reencuentran, y padres despiden a sus hijos pequeños en la entrada.
Autobuses de colores verdes y azules llegan esquivando a la gran hilera de coches para traer a otros alumnos.
Los profesores saludan a los demás padres en la entrada del colegio, de puerta negra y cristales de vidrio azulado.
El nuevo director mira unos papeles y saluda con gesto serio a los demás profesores.
El antiguo jefe de estudios enseña un par de cosas al nuevo encargado.
Y a lo lejos, el conserje camina lentamente con su pala y rastrillo plantando flores de apagados colores.
Marcos miro a los demás.
Acababa de instalarse y era su primer día.
Miro a su alrededor, buscando a alguien que le sirviera de ayuda.
Al final, encontró a una chica de estatura baja, pelo cobrizo y cara llena de granos.
-Perdona, ¿la oficina de secretaria?
La chica, de unos trece años, se le quedo mirando con gesto atontado.
Marcos sabía que era guapo, pero nunca había presumido de ello.
Al final de la explicación de la joven, repleta de mmm y esto…, se encamino por las escaleras de baldosas blancas con manchas grises que daban a un patio rojo y este a una puerta de aluminio con cristales transparentes.
Al abrir la puerta, sintió un escalofrió, el pasillo era pequeño y tenía cuatro puertas, dos a cada lado. Pudo ver una placa por cada puerta del lado derecho.
“Director de secundaria”
“Jefe de estudios”
Y al otro lado cada puerta llevaba el símbolo de una mujer y un hombre, y entre medias de las dos puertas, un cartelito, que decía: “Baños del profesorado”.
Marcos camino por el pasillo hasta llegar a un pequeño vestíbulo que daba a dos más, uno a cada lado, y en frente una puerta de color marrón con un letrero en lo alto que decía: “Comedor”
Marcos siguió las instrucciones de la chica y cogió el camino de la izquierda, que daba a unas escaleras amplias y una salita con unas butacas. Y al fondo, estaba Secretaria.
Abrió la puerta de cristal y se apoyo en el mostrador. Vio dos escritorios, con dos ordenadores en cada uno, y llenos de papeles e informes. En las paredes, viejas fotos del colegio y diplomas de alumnos ejemplares.
-¿Puedo ayudarle en algo?
Una voz amargada y de tono chillón se dirigió a Marcos y este bajo la mirada hacia una mujer de unos cincuenta y pocos, de pelo rubio apagado y con gafas negras.
No le miraba, seguía inmersa en sus papeles, pero Marcos tuvo la certeza de que le escuchaba y esperaba una respuesta por parte suya.
-Sí, soy el nuevo alumno.
-Qué novedad -Su voz sono sarcastica y la mujer arrastró la silla y se levanto para coger unos papeles que entrego a Marcos- El plano su horario y su clase.
Y sin más, la mujer se dio la vuelta y empezó a teclear en el ordenador con rapidez.
Desde ese momento, aquella secretaria desagrado a Marcos.
Alex bajo del coche con entusiasmo.
Miro su colegio con una sonrisa en la cara, y luego al cielo encapotado por unas nueves grises. La sonrisa se agrando.
Le gustaba el primer día después de las vacaciones, y le gustaba los días grises y fríos.
-¡Venga Mario!
Alex alargo el brazo a su hermano, de siete años de edad, y mando un beso al aire hacia el piloto del coche, su madre, para luego caminar con paso ligero hacia las puertas verdes saludando a diversas personas, de diversas edades.
Dio dos besos a su hermano y dejo que saliera corriendo hacia su clase de segundo de primaria, planta baja.
Luego él, con una sonrisa juguetona, subió las escaleras con trote ligero aunque elegante.
Llego a la primera plata y miro a su alrededor hasta que dio con un hombre de unos sesenta y muchos que saludo con la mano.
Después, empezó a subir las escaleras hasta que llego a su planta.
Soltó un suspiro al aire y se encamino con paso firme hasta el enorme grupo de alumnos que caminaban y entraban en todas las clases.
Esquivo a varias personas, saludo a otras, hasta que llego hasta un grupo de dos chicas y dos chicos, de quince y dieciséis años.
-¡Hola!
Alex tapo los ojos de una chica de estatura media, pelo liso y castaño y de caderas anchas.
Se dio la vuelta quedando de frente a Alex.
-¡Alex!
-¡Nerea!
Los dos se abrazaron fuerte y al terminar empezaron a parlotear.
Nerea era amiga de Alex desde que esta había llegado al colegio.
-¡Cuánto tiempo! ¿Dónde has estado?
Alex y Nerea empezaron a hablar sin parar, y al cabo de unos diez minutos ya habían contado cada uno su verano al detalle.
Se volvieron hacia el chico que les miraba atónitos.
-No hay nadie que hable más que vosotros, y tan deprisa.
Alex dirigió una mirada asesina hacia Daniel.
-¡Cuánto tiempo!
A Alex no le caía bien Daniel, el novio de Nerea, y siempre estaban picándose. Aunque últimamente, la rara amistad que había surgido entre ellos tenía asombrados a todos.
-Bueno, nosotros nos vamos a nuestra clase -Nerea cogió del brazo a Alex y le dio un beso a Daniel- Luego nos vemos.
Y los dos se mezclaron con el gentío hasta llegar a una puerta amarilla que ponía: “Cuarto de la ESO, letras”.
Marcos subió las escaleras hasta el tercer piso, que estaba abarrotado de chicos y chicas que miraban a todos lados, riendo y hablando sobre sus veranos.
Sonó el timbre, un ensordecedor tintineo de una campana invisible.
Al momento la masa de alumnos empezaron a caminar a sus clases y al minuto, la mayor parte de ellos ya habían entrado a sus clases.
Marcos miro el plano y busco la clase de cuarto A, y al encontrarla camino hacia donde se hallaba y golpeo la puerta cerrada para poder entrar.
Un adelante de un hombre sonó detrás de la puerta y Marcos entro.
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